Bienvenidos a "Amor Vitamina".

Deseo de que en este espacio de Amor, puedas encontrar las mejores alternativas para conocer a tú bebé y aprender lo que tanto necesita.

La inevitable frustración

Es muy conveniente la existencia de una cantidad moderada de frustraciones tolerables, esto harán que el niño crezca adecuadamente, que reconozca que el pecho "un objeto exterior" no depende de él; es la primera etapa hacia el conocimiento de la madre como "persona entera".
Es fundamental que la frustración no sea insostenible, que la madre conozca la importancia de la lactancia no sólo para el crecimiento físico del niño, sino para el desarrollo afectivo. En caso de que la madre no pueda alimentar a su hijo con el pecho, porque no tiene suficiente leche, por dificultades prácticas o psicológicas; es mejor un biberón dado con amor, con un contacto estrecho con el cuerpo materno en condiciones lo más parecidas a las de la alimentación natural, que una madre que amamante a su hijo por deber y no por voluntad propia.

El niño no solo pide alimento sino también amor. 

Si el niño no tuviera hambre, seguiría creyendo que puede satisfacerse por sí solo o que estaba unido a la madre, y nunca aprendería que el pecho es un objeto exterior, que no le pertenece: primera etapa para reconocer a la madre como la persona independiente y separada de él.
 Cuando el recién nacido comienza a sentir los estímulos del hambre, comenzará a mostrar alguna señal de impaciencia; puede encontrar casualmente con la boca sus manos y durante unos instantes las chupará imaginando que está comiendo; finalmente, el hambre se agudizará y comprenderá que sus dedos no lo alimentan.

Al ir repitiéndose estas secuencias, el niño aprende a reconocer el papel y las funciones de su madre y también que, aunque dependa completamente de los demás, puede sentirse confiado de que su madre lo quiere y lo cuida. De esta manera el niño empieza a demostrar amor hacia su madre; su sentimiento es muy intenso y, precisamente porque es así, a veces puede transformarse en rabia y cólera, ya que, si la mdre es la responsable de su bienestar, también lo será de sus frustraciones y malestares.

Al principio, el niño no sabe quién es

Ya hemos dicho que el nacimiento representa un acontecimiento, a veces traumático, para el recién nacido; y de este suceso no tiene ni la más mínima idea.
Sin embargo, el hecho de sentir que tiene necesidad de algo le hace volver nuevamente a la realidad: sueña que se encuentra en el vientre de la madre, pero ni siquiera la madre más atenta puede evitar que sienta hambre, frío, cansancio o miedo. 
Cuando se lo cambia, puede resultarle muy desagradable sentirse desnudo, porque le parece una agresión contra su cuerpo; en cambio el baño le proporciona seguridad.
El paso de una experiencia a otra, lo saca muy pronto de la "cáscara" protectora en la que cree estar todavía, o a la que desearía volver, y lo hace entrar en contacto con la realidad. Al principio, no sabe si las sensaciones que tiene proceden del interior o del exterior de su cuerpo, por lo que todo será bueno o malo según como se encuentre bien o mal. Ni siquiera sabe que alguien del exterior satisface sus necesidades e ignora los límites de su cuerpo.
A partir del segundo mes, el niño empieza a ser vagamente consciente de un "objeto exterior" que satisface sus necesidades, pero todavía no puede saber dónde acaba su cuerpo y dónde empieza el de la madre.
Hacia finales del tercer mes, empieza a distinguir mejor, por lo menos en determinados momentos, lo que está dentro y lo que está fuera de él. Sin embargo, no sabe todavía que el pecho que lo nutre, el rostro que le sonríe, las manos que lo abrazan, el olor que le gusta y la voz que oye, pertenecen a su madre como persona entera; en estos momentos empieza a construir su imagen como si fuera un puzzle.

La boca como centro en el que convergen las experiencias agradables.

Durante este príodo, la boca es la zona más sensible a los estímulos y el lugar más placentero para los bebés. El niño nace con el reflejo de la succión, por lo que tenderá a chupar cualquier cosa que se le ponga junto a la boca. Al mismo tiempo, y tras las primeras experiencias, aprende a girar la cabeza en cualquier dirección, pero preferentemente busca el pecho para repetir el placer que ya ha probado.
En los primeros días de vida, el niño, cuando está despierto, se dedica a comer. Es un lactante y sus relaciones con el mundo exterior pasan, sobre todo, a través de la boca y están dominadas por el deseo de chupar.
De esta manera, a través de "la relación" con el pecho materno, el niño no sólo satisface su necesidad de alimentarse, sino que empieza su vida afectiva; con un inmenso amor hacia el pecho que lo alimenta,el cual puede convertirse en rabia o rencor si se retrasa demasiado con respecto a su necesidad de satisfacerlo, o si la leche no es suficiente.
 Aunque el niño se encuentre en condiciones inmejorables, siempre se sentirá frustrado en algún deseo: aunque el intervalo entre las comidas sea el adecuado y la leche abundante, tendrá que experimentar el "hambre" de leche y de amor entre una y otra mamada.

Desarrollo afectivo en los seis primeros meses.

El nacimiento del niño es un acontecimiento de breve duración que para el pequeño significa el final del período intrauterino y su entrada al mundo. La realidad es que de esta entrada en el mundo sólo son conscientes los demás, él no tiene la menor idea de lo que ha sucedido: su presencia en la realidad será efectiva cuando acabe un largo proceso que se desarrolla en los primeros años, pero cuyas consecuencias se reflejarán toda la vida.
 En el período de tiempo que transcurre entre el nacimiento y los seis meses, el niño empieza a contactar con la realidad, con las cosas y las personas que lo acompañan; cuando nace no conoce nada, ni sobre sí mismo ni sobre los demás, y por lo tanto, no entiende de que su condición a cambiado radicalmente. Sólo sabe que ahora, a veces, se encuentra bien, tranquilo y relajado, de tal manera que cree que todavía está en el vientre materno; y a veces se encuentra mal porque sus necesidades no son satisfechas inmediatamente, cosa que le hace llorar y desesperarse.
A los seis meses, el niño ya sabe mucho más sobre sí mismo y la realidad que lo rodea, tiene cierta conciencia de sí mismo como "persona entera", sabe que su cuerpo está separado del de la madre, que sus necesidades están satisfechas desde el exterior y "reconoce"  a su madre como el ser que le presta todos los cuidados que requiere.
De este delicado comienzo de la vida nadie se acuerda; y por otra parte, el niño no puede expliarnos con palabras lo que le pasa o lo que piensa.
Lo importante es NO creer que este período sea poco significativo, basándonos en el hecho de que no es posible saber nada de él directamente porque el niño no tiene aun desarrollada la memoria. Todo lo contrario: debemos recordar que de los cero a los seis meses se ponen las bases, sobre todo desde el punto de vista afectivo, del futuro adulto.
Recordar, que cada niño se desarrolla según su propio ritmo, por lo que a lo mejor adquirirá antes lo que otros harán más tarde o viceversa, sin ninguna consecuencia o variación en el resultado final. Únicamente un retraso notable en todos los aspectos de su desarrollo podrá determinar en los padres una justificada preocupación, y la necesidad de consultar a un especialista.