Es muy conveniente la existencia de una cantidad moderada de frustraciones tolerables, esto harán que el niño crezca adecuadamente, que reconozca que el pecho "un objeto exterior" no depende de él; es la primera etapa hacia el conocimiento de la madre como "persona entera".
Es fundamental que la frustración no sea insostenible, que la madre conozca la importancia de la lactancia no sólo para el crecimiento físico del niño, sino para el desarrollo afectivo. En caso de que la madre no pueda alimentar a su hijo con el pecho, porque no tiene suficiente leche, por dificultades prácticas o psicológicas; es mejor un biberón dado con amor, con un contacto estrecho con el cuerpo materno en condiciones lo más parecidas a las de la alimentación natural, que una madre que amamante a su hijo por deber y no por voluntad propia.
El niño no solo pide alimento sino también amor.
Si el niño no tuviera hambre, seguiría creyendo que puede satisfacerse por sí solo o que estaba unido a la madre, y nunca aprendería que el pecho es un objeto exterior, que no le pertenece: primera etapa para reconocer a la madre como la persona independiente y separada de él.
Cuando el recién nacido comienza a sentir los estímulos del hambre, comenzará a mostrar alguna señal de impaciencia; puede encontrar casualmente con la boca sus manos y durante unos instantes las chupará imaginando que está comiendo; finalmente, el hambre se agudizará y comprenderá que sus dedos no lo alimentan.
Al ir repitiéndose estas secuencias, el niño aprende a reconocer el papel y las funciones de su madre y también que, aunque dependa completamente de los demás, puede sentirse confiado de que su madre lo quiere y lo cuida. De esta manera el niño empieza a demostrar amor hacia su madre; su sentimiento es muy intenso y, precisamente porque es así, a veces puede transformarse en rabia y cólera, ya que, si la mdre es la responsable de su bienestar, también lo será de sus frustraciones y malestares.
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