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La Madre y las necesidades del Niño

Al principio, la madre expresa el amor que siente por su hijo preocupándose de todas sus necesidades físicas.
El hecho de que el recién nacido esté casi siempre durmiendo durante las primeras semanas de vida, lo protege de estímulos excesivos, favoreciendo su maduración y crecimiento. La madre se preocupará de que ningún ruido y ninguna luz violenta molesten al niño, aunque pueden despertarlo otras sensaciones desagradables, como, por ejemplo, el estímulo del ambre o el sentirse mojado o frío.
Por otra parte, es necesario que el niño sienta necesidades, porque unicamente de esta manera se verá obligado a entrar en contacto con la realidad; sino tuviera necesidades, permanecería todavia encerrado en sí mismo, como en el vientre materno.
Al principio, el niño ni siquiera sabe si las desagradables sensaciones que sufre le vienen de adentro de su cuerpo o del exterior; y si nos ponemos en su lugar, podemos entender facilmente que un estado cualquiera de malestar, como el sueño, el dolor, el hambre o el miedo, lo desespere porque todavía no sabe si tendrá remedio. Aún no tiene ninguna experiencia y si requiere un poco de tiempo antes de que aprenda a crecer que una sensación de ambre no es una cosa irremediable, porque habrá comprobado que llegará la madre, le dará el biberón y él volverá a encontrarse bien. Por esta razón manifestará sus necesidades con rabia y desesperación, con cólera... por inseguridad.
Sus sentimientos son intensos, como violentas son las sensaciones de malestar que sufre e intenta de sí gritando.
El niño pequeño llora mucho, y tiene sus buenas razones para hacerlo; pero, sobre todo, el llanto es la primera señal que utiliza para llamar la atención del adulto, para decirle que necesita algo. A veces ni siquiera él lo sabe y puede ser muy dificil para la madre el entenderlo.
En ocasiones, algunas madres amamantan al niño cada vez que llora; luego aprenden a distinguir si tienen hambre, si necesitan que lo agarren en brazos, lo cambien o lo consuelen: entre una madre atenta y un niño necesitado se establece enseguida un sistema de comunicación, que aumenta así los momentos de felicidad.
Estos también varian de un niño a otro.
Aún no se corre el riesgo de malacostumbrarlo, ya que todavía desconoce que el llanto puede tener sus ventajas. En cambio, necesita depender completamente de alguien, que lo consuele cuando siente malestar, y empezar a confiar en la gente.

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